Esta ración indolora de abismo
Este purpureo color innombrable
Poca visión se reduce en atisbo
De una guarda tan miserable
Sin destreza en el sigilo asecha
Dándose a notar el afligido
Con con vergüenza lanza una flecha
Misma que incrusta en su propio latido
Y allí con su pecho empapado espera
La gravedad de sus ilusiones,
No es el dolor lo que grita en pena
Es lo que calla en sus oraciones
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