QUERIDOS LECTORES
Acaba de empezar noviembre y yo estoy muy contenta porque he visto que hay más visitas a mi blog. Querid@ lector/a agradezco tu apoyo.
Me gustaría poder leerte también., te invito a dejar algún comentario y leer otras de mis entradas.
November it's just beginning and I'm so happy because I've seen that I have more visitors in my blog. Dear reader, I'm very thanks to you for your support.
I'll glad to read you too ., you are invited to write a comment and read another of my posts.
COMENCEMOS
El mes de noviembre es muy especial para nosotros los mexicanos., para unos más que otros, pero aún como secreto a voces resuena la tradición. El 1 y 2 de noviembre se festeja el día de muertos, así que decidí traer algo un poco distinto que retomo de hace algunos ayeres. Espero que lo disfrutes:)
November is a very special month for us Mexicans, for some more than others, but even as an open secret, tradition resonates. November 1st and 2nd are the Día de los muertos's celebrations, so I decided to bring you something a little different, something I've revisited from a while back. I hope you enjoy it :)
ENTRE PÉTALOS Y MIL MEMORIAS
Apenas caía la tarde y se empezaba a ocultar el sol. Miles de flores de diferentes formas contrastaban sus colores con el típico y fúnebre ambiente que se abría a mi paso.
Las lámparas del cementerio comenzaban a encenderse mientras caminaba despacio hasta el fondo; todo era realmente tranquilo.
A cada paso creía ver destellos purpúreos y luminosos volar sobre las criptas; me bastó con prestar más atención para percibir el viento suave que acompañaba al batir de sus alas escamadas. Miles de millones de aquellas sinfonías aladas salían de misteriosos rincones; iban cubiertas de definidos colores, cada vez eran un poco más ellas.
En algunas regiones lejanas, según lograba observar, todo estaba aún quieto y se encontraba deteriorado. En esos lugares, los sepulcros peculiares estaban cubiertos de luz, se podría decir que incluso el sol regresaba para ver cómo es que se habían quedado sus rayos.
Yo avanzaba cada vez más de prisa hacia un pasillo sin fondo; quedé suspendido en el aire, en aquella atmósfera llena de vida. De pronto aquel torbellino alegre de experiencias me había dejado, daba lugar a un mar de aguas quietas, por siempre en calma. Solo voltear y ver el cielo abierto lo hizo más indescriptible.
Cúmulos meticulosamente ordenados de estrellas, galaxias y un exquisito infinito se mostraban, y ante mis ojos revelaron combinaciones tan etéreas como divinas de éxtasis. Si hubo viento, tuvo que haber olido a jazmín.
Así entre constelaciones perpetuas permanecí escondido, relajado y tan ligero; como aquellas nubes de polvo suspendidas en las icónicas hegemónicas armonías solares del este.
Mi mente callaba despacio, me dejaba disfrutar de espectáculo oportunamente, pues una gota tibia cayó sobre mi frente estridentemente, y a mi abrazo cayeron una a una, un par de cientos más.
Allí pude oír su voz, una voz que aún vive oculta en mi memoria y que parece recordarme su rostro angelical.
El viento ahora comenzó a soplar de forma suave, pero esta vez a ritmo gentil de un rito ceremonioso y sepulcral.
Las gotas tibias se tornaban grises, algo frías. A momentos mientras me llovían, volvía un cielo claro que las calentaba. Ni una, ni dos, ni tres veces, ni de manera intermitente; como manjar a mi memoria, tributo o cántico celeste. Brotes y sabores se hacían palpables ahora, era como la cúspide de lo que pudieron haber sido mis sentidos en mis días de gloria.
Oh una luna de plata, fugases momentos de alegría, recuerdos lejanos acompañados por las dulces gotas tibias que caían de sus ojos. Y en cuanto a su tormento, yo no lo padecía. No podría hacer más que susurrarle al majestuoso viento que le dijera que la amaba, mientras paseaba ligero sobre los tersos pabellones de sus oídos, mientras mecía sus cabellos poco a poco, para regalarme un toque de esencia a jazmín, de nuevo.
No tengo certeza del tiempo que algún día me controlaba, pues no puedo decir siquiera que fuera mío. Pero puedo con lo que me queda de mí, decir que pronto serenó su llover y el cielo se aquietó nuevamente. Si en algún momento fueron turbias sus aguas, debo decir que ahora callaron para anunciarme su partida.
En cuanto a mí, solo me quedé en silencio, descubriendo de nuevo a la noche estrellada y esperando paciente el próximo año… Su llegada.
¡Gracias por leer!
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